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Luchar para vivir; vivir para luchar (fanfic)

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Luchar para vivir; vivir para luchar (fanfic)

Mensaje por SimbAhadi el Miér Jul 31, 2013 12:30 pm

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Kimoya y Tamu caminaban por la inmensidad de la sabana africana. Detrás de ellos correteaba su hijo, Joka. Los tres eran leones solitarios, no pertenecían a ninguna manada, por lo que debían extremar las precauciones. Si una sola leona los veía y daba la alarma, no tardarían en verse rodeados. Y, por si fuera poco, Tamu estaba embarazada y le faltaba poco para dar a luz.

Cuando llegaron a la sombra de un gran árbol, Tamu se tiró al suelo para descansar. Jadeaba. Estaba muy cansada por la larga caminata y por el peso del bebé que llevaba dentro. Kimoya le dio un cariñoso lametón en la oreja para darle ánimos. Tamu ronroneó, pero siguió tumbada. Tenía que recuperar fuerzas.

—Tenemos que ir a Tierra de Nadie para que nazca el cachorro— le había dicho Kimoya unos días atrás.

Tamu sabía que tenía razón, así que se habían lanzado a una desesperada caminata para cruzar el territorio del rey Rangi y llegar a tierra neutral, en pleno corazón de Serengeti. Lo cual no era tarea fácil. Rangi era conocido por su extrema crueldad con los forasteros. Si los atrapaba en su territorio sin permiso... A ambos les entraban escalofríos sólo de pensarlo.

El pequeño Joka corrió hasta ellos, trayendo un pequeño ratón entre los dientes.

—¡Mirad lo que he cazado!— exclamó, orgulloso.

Tamu lo miró, sonriendo. Su hijo se parecía mucho a ella: ambos tenían los ojos violetas y pelaje color bronce. Además, el pequeño mechón que adornaba la cabeza de Joka indicaba que tendría la espesa melena rojiza del padre de ella.

—Dentro de poco serás capaz de cazar presas más grandes— dijo con dulzura.

Pero Kimoya no compartía su entusiasmo. Miró a su hijo con dureza.

—Aquí somos forasteros, Joka— gruñó—. No debes cazar en reinos a los que no perteneces.

El cachorro lo miró echando chispas por los ojos, recogió su presa y se alejó con dignidad. Kimoya suspiró y se tumbó junto a Tamu. Al rozar su abultada barriga, notó las pataditas de su futuro hijo.

—No deberías ser tan duro con él— comentó Tamu—. Es joven y tiene ganas de vivir y de que veamos lo bueno que es.

—Pues no vivirá mucho si sigue siendo tan descuidado— replicó él—. Tiene que aprender que ser un león solitario es más complicado de lo que parece.

—En ese caso, unámonos a una manada— sugirió ella, aun sabiendo que no daría resultado—. O formemos una por nuestra cuenta.

El semblante de Kimoya se endureció al oír aquello.

—No.

Sus antepasados habían sido solitarios desde mucho tiempo atrás, y no iba a ser él quien rompiera la tradición. No obstante, Tamu había nacido y se había criado en una manada, a la que había abandonado cuando  se conocieron. Por eso, el sentimiento de unidad permanecía en ella y le hacía añorar un grupo numeroso.

—Tenemos que seguir adelante— dijo Kimoya mientras se incorporaba tras unos minutos de silencio.

Tamu asintió e hizo acopio de fuerzas para levantarse. Kimoya la ayudó a ponerse en pie. Joka bajó de un salto del árbol y correteó alrededor de sus padres.

—¿Seguimos adelante?— preguntó, emocionado.

Su padre asintió, pero entonces una cuarta voz irrumpió:

—Yo creo que no.

La pequeña familia se giró con rapidez hacia el que había hablado. Era un león grande y fuerte, con un pelaje oscuro, espesa melena negra y ojos de color azul hielo.

—Rangi— susurró Tamu.

—Vaya, vaya, tres forasteros— dijo con sorna el rey—. Tres forasteros en mi reino y sin mi permiso.

—Rey Rangi— dijo Kimoya, inclinándose respetuosamente—, os pido perdón por atravesar vuestro territorio, pero vamos a tener un segundo hijo y debe nacer en Tierra de Nadie, como corresponde a los leones solitarios. Os ruego que nos permitáis seguir adelante, y prometemos no cazar mientras estemos en vuestro reino.

Rangi sonrió, pero no había rastro alguno de bondad en aquella sonrisa.

—Todo eso suena muy bonito, pero me temo que si hago una única excepción a mis leyes perderé el respeto de mis súbditos.

Kimoya se puso en tensión. Avanzó cautelosamente  hasta situarse entre Rangi y su familia. El rey soltó una risa burlona.

—Eso no te va a servir de nada. Cuando me haya ocupado de ti, ellos serán los siguientes.

Pero la familia de Kimoya llevaba generaciones y generaciones luchando para vivir, y un solo león no lo iba a acobardar más de lo necesario.

—No pienso permitir que les hagas daño— gruñó mientras mostraba los dientes y sacaba las garras.

—Así será incluso más divertido— rió Rangi, imitándolo.

Tamu, asustada, se acercó a Kimoya.

—Por favor, no lo hagas— suplicó—. Te hará pedazos.

—Coge a Joka y corred tanto como podáis y más— ordenó firmemente Kimoya—. Tenéis que salir hoy sin falta de este reino.

—¿Y tú?— preguntó Tamu, aterrorizada.

Kimoya no respondió durante unos segundos. Finalmente, habló:

—Prométeme que no mirarás atrás— dijo—. Prométeme que no me olvidarás.

—Te lo prometo— susurró Tamu, al borde del llanto.

Kimoya asintió y dejó escapar un suspiro de dolor.

—Entonces corre. Corre y sálvate. Corre y salva a Joka y al hijo que no conoceré.

Tamu soltó un grito ahogado.

—¡No digas eso!— exclamó.

—Ya me conoces— musitó Kimoya—. Sólo digo la verdad. Corre. Y recuerda tu promesa.

Y, finalmente, Tamu obedeció. Dio media vuelta, empujó a Joka para que la siguiera y corrió. No miró atrás.

—Darles caza será mucho más divertido que matarlos sin más— rió Rangi.

La risa murió de golpe cuando Kimoya se abalanzó sobre él. Rugiendo, los dos leones rodaron por el suelo mientras se lanzaban dentelladas y arañazos. Kimoya atrapó una pata entre sus dientes y apretó con fuerza hasta oír el rugido de dolor de Rangi; entonces éste golpeó con una zarpa en la espalda de su adversario, dejando una profunda herida. Gruñendo, los dos se separaron y lamieron sus respectivas heridas.

—Parece que eres mejor luchador de lo que pensaba— comentó Rangi—. Mejor, así disfrutaré más cuando te mate.

Y los dos se lanzaron de nuevo al ataque.

Tamu y Joka corrían a duras penas. Estaban agotados, pero no podían detenerse. Apenas habían pasado quince minutos desde que huyeran, dejando atrás a Kimoya, cuando oyeron un prolongado rugido de dolor que se fue apagando poco a poco hasta desvanecerse por completo. Una bandada de buitres voló por encima de sus cabezas, dirigiéndose con rapidez hacia el grito.

—Kimoya— susurró Tamu. A pesar de la distancia, había reconocido el rugido.

Parpadeó con rapidez para contener las lágrimas. Ahora no podía llorar, ahora tenía que ser fuerte. Las palabras de Kimoya resonaron en su cabeza:

"Prométeme que no mirarás atrás. Prométeme que no me olvidarás."

—Vamos, Joka. Tenemos que salir de aquí— dijo con la voz quebrada por el dolor.

A duras penas, madre e hijo retomaron la dura caminata. Tamu estaba constantemente alerta, temiendo el momento en que Rangi lo encontrara. Pero no apareció nadie. Tal vez Kimoya lo había debilitado mucho. Finalmente, y cuando ya ambos empezaban a pensar que nunca lo conseguirían, vieron aparece frente a ellos un manantial de aguas brillante y cristalinas. La esperanza volvió a Tamu de golpe. En ese manantial empezaba la Tierra de Nadie. Con sus últimas fuerzas, caminaron hasta la orilla opuesta, donde se dejaron caer.

"Lo conseguimos, Kimoya— pensó Tamu, agotada—. Lo conseguimos gracias a ti"

Entonces notó que el bebé que tenía dentro quería empezar a vivir. Bebió un poco de agua y se preparó para dar a luz. Oh, cuánto deseaba que Kimoya pudiera estar junto a ella. En su lugar estaba el pequeño Joka, que la ayudó tanto como pudo. Finalmente, un pequeño cachorro vino al mundo. Tamu lo miró, sonriente. El pequeño era la viva imagen de Kimoya: el pelaje de color oro viejo, la nariz de forastero negra, el pequeño mechón de la cabeza negro... hasta los ojos, cuando el bebé los abrió por primera vez, eran verde claro.

—¿Cómo se va a llamar?— preguntó Joka.

Tamu dudó. Habían pensado en varios nombre, pero ahora ninguno le parecía adecuado. Pensó en llamarlo Kimoya, pero sabía que eso sólo le haría más daño. De repente, recordó lo último que le había dicho él:

"Recuerda tu promesa"

—Ahadi— dijo por fin—. Se llama Ahadi.

Y le dio un suave lametón en la cabecita.




Bueno, este es el primer capítulo de mi fic, espero que os guste. Creo que es un poco largo, pero bueno, espero que no os moleste. Y bueno, por si alguien no lo sabía, Ahadi significa promesa en suahili =)

También dejo imágenes de los personajes:

KIMOYA:
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TAMU:
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JOKA:
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RANGI:
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AHADI:
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Re: Luchar para vivir; vivir para luchar (fanfic)

Mensaje por Mufasa el Miér Jul 31, 2013 12:41 pm

Me alegra que hayas subido este fic aquí. Ya leí algunos capítulos en RDS pero aun así los leeré aquí ya que están muy buenos...

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Re: Luchar para vivir; vivir para luchar (fanfic)

Mensaje por SimbAhadi el Miér Jul 31, 2013 12:49 pm

Me alegra que te guste =) Voy a intentar ir actualizando cada semana para que me de tiempo de ir escribiendo los nuevos capis (con lo que me voy a poner ahora mismo)

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Re: Luchar para vivir; vivir para luchar (fanfic)

Mensaje por Ahadi el Jue Ago 01, 2013 3:45 am

Excelente capitulo SimbAhadi, me ha encantado, espero que Kimoya siga con vida, por lo menos lo suficiente para ver al que será de mayor un gran rey de Pride Lands, jejeje.

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Re: Luchar para vivir; vivir para luchar (fanfic)

Mensaje por SimbAhadi el Jue Ago 01, 2013 4:27 am

Pues lamento decirte que eso no pasa :$

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Re: Luchar para vivir; vivir para luchar (fanfic)

Mensaje por SimbAhadi el Vie Ago 23, 2013 8:38 am

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Tamu limpió a su bebé una y otra vez. El pequeño Ahadi estaba bien, pero ella temía por sus hijos. Rangi estaría furioso sin duda alguna, y era capaz de salir de su territorio y entrar en Tierra de Nadie. Si eso llegaba a suceder, no tendrían ningún sitio al que huir. Y ella estaba tan débil... La dura huida más el parto la habían debilitado más de lo que le gustaba reconocer. Joka llegó en ese momento, arrastrando una ardilla muerta.

—He conseguido cazar esto— dijo—. Intenta comer algo.

Tamu asintió. Estaba tan cansada que ya ni intentaba hablar. Joka le acercó la presa y ella empezó a comer. A los dos mordiscos, le entraron ganas de vomitar y dejó de comer.

—¿Mamá?

Joka se acercó hasta ella y empezó a lamerle la cara para darle ánimos. No le gustaba en absoluto el aspecto que tenía.

—Venga, mamá, estás muy mal, tienes que comer algo...

Las súplicas de su pequeño eran en vano. Apenas podía masticar la carne dura, y el simple hecho de tragar suponía un esfuerzo descomunal.

"Tengo que beber un poco de agua— pensó de repente—. Necesito agua."

Se levantó a duras penas. Joka lanzó un gritito de júbilo; Ahadi dejó escapar un maullido quejumbroso el verse privado de la protección que era el cuerpo de su madre.

"Volveré pronto, mi pequeñín— prometió Tamu en silencio.

Pero apenas hubo dado tres pasos, la invadió un terrible flaqueza y se desplomó. Sintió ganas de llorar, sabía que no le quedaba mucho. En cuanto ella se fuera, sus hijos estarían solos en el mundo. Solos contra Rangi. Joka corrió hasta su lado y trató de espablarla, de animarla, de mantenerla con vida... pero ella ya sabía que no se podía hacer nada.

—Joka— susurró con sus últimas fuerzas—... Ahadi y tú estáis ahora solos... Cuida de él y recuerda... recuerda todo lo que tu padre te enseñó... sobre los leones solitarios. No... no intentes...

No llegó a decir qué era lo que no debía intentar. Joka notó que los ojos se le llenaban de lágrimas mientras veía, impotente, cómo su madre exhalaba su último aliento. Lanzó al aire un rugido de dolor, pero le sonó muy infantil al lado del poderoso rugido que había tenido Kimoya.

—¿Miau?— maulló una vocecita.

Ahadi se había arrastrado hasta allí y miraba a su madre, sin entender qué había pasado. Furioso, Joka descargó su ira en él.

—¡Es todo culpa tuya!— rugió—. ¡Si tú no hubieras tenido que nacer, los dos estarían vivos!

El bebé, asustado, corrió tropezándose hasta esconderse tras el cuerpo de Tamu. Una vez allí, miró a su hermano con sus ojos verdes repletos de miedo. Joka gruñó y Ahadi se agazapó aún más.

—Te cuidaré—masculló Joka—. Te cuidaré porque es lo que deseaba nuestra madre. Te cuidaré, Ahadi, pero no esperes que te quiera.

Y, sin más, dio media vuelta y echó a andar. Ahadi titubeó unos segundos antes de separarse de su madre y seguir a su hermano con un andar inseguro y bamboleante. Joka no se giró para ver si lo seguía o no. Igual le daba. Caminó hasta donde la ardilla a medio comer seguía tirada y la devoró hasta dejar apenas algo de carne alrededor de los huesos. Ahadi lo miraba, confuso.

—No pienso cazar para ti— le dijo Joka con la voz cargada de desprecio—. Si quieres comer, tendrás que conformarte con lo que sobre de mi carne.

Y empujó los restos hacia su hermanito. Ahadi se acercó con curiosidad y olisqueó la carne. Lamió uno de los huesos, le gustó el sabor y en seguida se lanzó con voracidad a por lo poco que quedaba de carne. Cuando terminó, Joka ya se había alejado. Con un chillido de pánico, Ahadi corrió tras él. Su hermano lo miró con rabia, pero no dijo nada. Lo que quedaba de día lo pasaron andando por la Tierra de Nadie, sin adentrarse en ningún reino. Al llegar la noche, el pequeño Ahadi estaba agotado y maullaba de cansancio, hambre y sed.

—Cállate, maldito seas— gruñía Joka cada dos por tres.

Finalmente, cuando no lo pudo aguantar más, trepó con rapidez a un árbol. Seguía oyendo los maullidos, pero más amortiguados. Miró abajo y vio a Ahadi, que intentaba subir sin éxito alguno. Ni siquiera sacaba las garras para aferrarse al tronco. Al cabo de un rato, el bebé se dio por vencido y se acurrucó junto al tronco para dormir.

El hambre lo despertó unos minutos más tarde. Ahadi se levantó y bostezó. Tenía sueño, pero el hambre y el frío no le iban a dejar dormir. Correteó un poco para entrar en calor, pero cuando desapareció el frío, el hambre se hizo más fuerte. Ahadi soltó un gemido. Miró hacia arriba y vio a Joka dormido tranquilamente sobre una rama. No había manera de despertarlo para que cazara algo. Entonces, un penetrante olor le llegó a la nariz. El cachorro olisqueó. Sólo había olido aquello una vez en su corta vida, pero era tan delicioso que no habría podido olvidarlo.

"Carne— pensó, recordando cómo lo había llamado Joka—. Carne comer"

Siguió el olor hasta llegar al lado de otro árbol. Un pajarito piaba en la base del tronco, asustado. Había caído de su nido, y era tan pequeño que aún no sabía volar. Ahadi llegó hasta él y lo olfateó. Sin duda, el mismo olor. Se le hizo la boca agua al recordar lo delicioso que estaba. Acercó su hocico a su pequeña presa y la chupó. Dos plumas se le pegaron a la lengua y él las escupió. Cuando se acercó por segunda vez, el pájaro reaccionó y le dio un fuerte picotazo en la nariz. Ahadi retrocedió de un brinco, con los ojos llorosos por el dolor. Enojado, se lanzó sobre el pequeño pájaro y lo golpeo con sus patas. La presa chilló, pero él no se detuvo. Siguió golpeando hasta que recordó el hambre que tenía. Mordió el plumoso cuerpecillo y notó un chasquido cuando rompió los huesos. La sangre entró de golpe en su boca, y a Ahadi le gustó el sabor. Dejó su comida en el suelo y se reamió, contento.

—Carne— maulló, satisfecho.

Hizo lo que pudo para quitarle las plumas al pájaro, e instantes después lo estaba devorando con un hambre voraz. Cuando terminó, arañó un poco el árbol. Había descubierto jugando con el pájaro que tenía unas garras en sus patas que podía sacar y meter a voluntad, y le parecía divertido. Cuando se cansó, recordó que Joka seguía durmiendo en otro árbol. Corrió de vuelta y se tumbó donde había estado antes.

—Carne— murmuró antes de dormirse.

Era la primera palabra que había aprendido, y le gustaba.




Bueno, espero que os haya gustado el segundo capítulo ^^ Es también algo triste, lo sé, pero ya los siguientes no lo serán tanto =)

¡Rugidos!

PD: lo siento, sé que he tardado mucho en ponerlo, pero he tenido restricción severa al ordenador todo este tiempo -.-

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Re: Luchar para vivir; vivir para luchar (fanfic)

Mensaje por Ahadi el Dom Ago 25, 2013 4:39 am

Sí que es triste, la verdad, adiós Tamu Adios . Pobre Ahadi, él no tiene la culpa, las circunstancias fueron así. Bueno, estoy impaciente por saber lo que pasará, y te entiendo SimbAhadi, yo también he tenido restricciones al ordenador pero fueron por menos tiempo.

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Re: Luchar para vivir; vivir para luchar (fanfic)

Mensaje por SimbAhadi el Dom Ago 25, 2013 9:25 am

Puedes respirar tranquila quedan varios capítulos para que haya otra muerte XD No quiero acabar convertida en George R. R. Martin Romper la compu 

Ahora no tengo mucho tiempo, pero intentaré poner luego el siguiente capi =)

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Re: Luchar para vivir; vivir para luchar (fanfic)

Mensaje por SimbAhadi el Dom Sep 08, 2013 8:31 am

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—Carne— maulló Ahadi con alegría cuando se despertó al día siguiente.

Se desperezó y soltó un prolongado bostezo. Miró arriba y comprobó que Joka seguía durmiendo en su rama. El pequeño dio un par de salto y corrió un rato alrededor del árbol para terminar de despertarse. Cundo estaba a punto de completar la vuelta número siete, chocó con su hermano.

—¿Se puede saber qué haces?— gruñó Joka— Deja de hacer el estúpido. Nos vamos.

—Nos vamos— repitió Ahadi.

—Cállate— bufó Joka echando a andar.

Ahadi lo siguió. Caminaron durante varias horas sin rumbo fijo. Joka quería salir de Tierra de Nadie. Los leones de manada tenían prohibido el acceso, pero cualquier solitario podía aparecer en cualquier momento y atacarlos. A pesar de ello, le daba miedo adentrarse en cualquiera de los territorios circundantes. El de Rangi era el más peligroso, pero no el único. Cualquier rey atacaba a los forasteros que entraban en sus reinos. La opción más segura era permanecer en Tierra de Nadie y buscar una salida segura en caso de peligro.

—Carne comer— canturreaba Ahadi—. Comer carne, carne comer.

—¿Es que no sabes decir otra caso?— acabó estallando Joka, furioso.

Ahadi lo miró con sus grandes ojos verdes abiertos y la boquita cerrada.

—Calladito estás más guapo— masculló su hermano.

El cachorro mantuvo su mirada. Al cabo de un rato, sonrió con tanta bondad como sólo puede hacerlo un bebé y maulló una nueva palabra:

—Joka.

La cara de sorpresa de su hermano duró apenas unos segundos. Inmediatamente se tornó en ira.

—¿Dónde has aprendido eso?

En lugar de responder, Ahadi soltó varias palabras más sin borrar su sonrisa.

—Joka manito mayó. Joka y Ahadi manitos.

Los dos hermanos se miraron durante unos segundos. Finalmente, Joka gruñó, levantó una pata y descargó un fuerte zarpazo sobre Ahadi. El bebé salió volando unos metros, aterrizó bruscamente y rodó por el suelo varios metros más. Cuando por fin se detuvo, lloraba a lágrima viva por el dolor. Joka se acercó a él y lo miró amenazador.

—Te voy a dejar las cosas claras— dijo con tono lóbrego—. Tú y yo no somos hermanos. Tú eres un cachorro al que nadie quiere y que se ha pegado a mí. Yo no te quiero a mi lado más de lo necesario; no quiero que me sigas a todas partes; no quiero tener que cuidar de ti; no quiero tener que cazar para ti; no quiero oír ni tus lloriqueos ni tus estúpidas palabras. No te quiero, Ahadi. Te odio. Si sigues vivo es porque mi madre me pidió que te mantuviera así— mientras hablaba, Joka iba acercando cada vez más su cabeza a la de Ahadi, que se pegaba al suelo como si intentara escapar de él—. Si quieres venir conmigo, no quiero ni notar tu presencia. Quiero que seas más silencioso que mi sombra; quiero que vayas más callado que los árboles; quiero que prestes tanta atención a mi comida como la que le dan las plantas. No quiero enterarme de que me sigues. ¿Ha quedado claro?

El tremendo discurso de Joka había aterrorizado a Ahadi. El cachorro se había pegado por completo al suelo, casi no respiraba y las lágrimas ya no se atrevían a salir de sus ojos.

—¿Joka no quiere Ahadi?— preguntó con un hilillo de voz.

—Veo que lo vas pillando.

—Ahadi no molesta. Ahadi es una sombra— tartamudeó.

—Y Ahadi se queda calladito.

El cachorro asintió con vehemencia, y ni una sola palabra salió de su pequeño hocico en presencia de Joka.

Joka encontró una pequeña cueva. Estaba cerca del manantial, al lado de un árbol perfecto para trepar y no muy lejos de la frontera con un reino pequeño. Era el emplazamiento ideal. Marcó esa zona para evitar que se acercaran otros carnívoros y se marchó a cazar. Ahadi se quedó en la cueva.

—Carne— susurró cuando Joka ya no podía oírlo.

Su hermano regresó horas después relamiéndose el hocico.  Ahadi captó el olor de la sangre. Iba a gritar "comer", pero se acordó de las amenazas de esa mañana y se contuvo. Joka le lanzó una mirada furibunda y señaló hacia un punto de la llanura.

—Es un mono. Queda algo pegado a los huesos. Si quieres comer algo, hazlo ahora antes de que se lo lleven los buitres.

"Con un poco de suerte, te cogerán a ti también" pensó, pero no lo dijo.

Ahadi salió disparado en dirección a la comida. Estaba hambriento, y el olor que había traído Joka consigo no había hecho sino empeorarlo. Cuando por fin llegó, había un mono viejo al lado de la comida. El cachorro se acercó, cauteloso.

—Come si quieres, pequeño— dijo el mono vivo—. Él ya está muerto, y tú tienes toda una vida por delante.

Desconfiando, Ahadi se acercó poco a poco. Cuando se cercionó de que no había trampa alguna, empezó a comer. El mono se quedó a su lado.

—¿Era tu hermano quien lo mató?

Ahadi dudó antes de responder.

—Joka y Ahadi mismo papá. Joka y Ahadi misma mamá. Pero Joka y Ahadi no hermanos.

—Eso que dices es muy confuso— comentó el mono conteniendo la risa—. Cuéntamelo todo desde el principio.

Ahadi se sentó y le contó todo lo que había pasado desde antes de que naciera. Joka se lo había estado reprochando muchas veces y conocía la historia de memoria. Muy de vez en cuando, no sabía la palabra adecuada y el mono se l decía. De esta manera, Ahadi aprendió mucho vocabulario nuevo, aunque sabía que no lo podría utilizar. Cuando terminó su narración, el mono se acariciaba la barbilla, pensativo.

—No es culpa tuya. No puedes ser culpable de algo que ocurrió antes de que vinieras al mundo— razonó—. No te atormentes por eso. Y en cuanto a tu hermano, porque quiera o no sois hermanos... si no te deja hablar, piensa. Haz de tu mente el arma más poderosa. No dependas de él. En cuanto te veas con fuerzas, aléjate de él y vive tu propia vida. Vive tu propia vida, y eso es todo. Sólo se vive una vez. Los fuertes aguantan hasta que se unen varios contra ellos. Los inteligentes sobreviven a cualquiera. Si obtienes las dos cualidades, serás invencible. Ánimo, Ahadi. Te veo un futuro mejor del que te augura tu hermano.

El cachorro lo miraba con los ojos abiertos de par en par, incapaz de decir algo. El mono se levantó y se despidió de él.

—Adiós, pequeña Promesa.

Trepó con agilidad simiesca a un árbol y al instante se perdió entre las ramas.

—Mi mente será el arma más poderosa— prometió Ahadi al viento.

Dicho esto, dio media vuelta y se encaminó hacia la cueva. Aquel mono había marcado su vida. Aquel mono del que no sabía ni su nombre, ni nunca llegaría a saberlo, había dejado una profunda huella en él. Aquel mono le había marcado un camino. Le había dado razones para vivir.

—Fuerza e inteligencia— murmuró cuando ya estaba llegando—. Conseguiré las dos, walimu. Te lo prometo.



Espero que os guste ;) Walimu significa "maestro" en suahili, sólo para que lo sepáis.

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Re: Luchar para vivir; vivir para luchar (fanfic)

Mensaje por Ahadi el Lun Sep 23, 2013 3:06 pm

Muy interesante el capítulo, me ha gustado mucho, espero con ansias el siguiente.

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Re: Luchar para vivir; vivir para luchar (fanfic)

Mensaje por Hadiya el Dom Nov 24, 2013 1:16 pm

Bonita y emotiva historia; realmente tienes talento para escribir.

Espero que pronto sigas, porque me has dejado la duda de lo que le va a contecer a Ahadi.

Y en cuanto a lo que has escrito acerca de la mente, la fuerza y la inteligencia, simplemente hermosas frases. Podrías hacer muchísimo si leyeras buena poesía.

En fin, ojalá continúes.

Saludos y rugidos.

Hadiya
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